Colombia puede y debe ser un ejemplo de transparencia, rendición de cuentas y operatividad de la Justicia. Abelardo puede dejarles a Colombia y a la región esa herencia.
No quiero escribir más sobre Petro y su mafia. Ya se fueron, se robaron el país y lo dejaron medio destruido. Qué dicha volver a Petro un don nadie. Desde el 7 de agosto lo dejo de seguir en redes, pues ese es el mayor castigo que puede tener un sociópata como él. Prefiero que miremos el futuro, lo que viene y lo que esperamos muchos colombianos. Esa herencia que recibe el Gobierno de Abelardo De La Espriella es lo primero que debe abordar y que todos debemos conocer.
El primer resultado concreto del nuevo Gobierno debe ser un documento de rendición de cuentas en el que todos los colombianos logremos saber con claridad qué pasó en estos cuatro años, quién se robó qué, quién abusó y cómo de su poder, incluyendo la misoginia de muchos funcionarios, y quiénes y cómo violaron la ley de contratación para entregarles contratos masivos del Estado a los amigos o nombrar a sus familiares sin las calificaciones necesarias, como hoy ya empezamos a ver en la Aerocivil.
Es fundamental tener toda la información sobre tantos casos de corrupción y abuso para poder hacer dos cosas. La primera, crear una narrativa agresiva en medios que sirva para mostrarles a los colombianos las verdades sobre lo que pasó en este Gobierno. Claro, no vamos a convencer a las Margarita Rosa de Francisco que se beneficiaron y, además, se hacen los de la vista gorda, pues jamás van a aceptar la corrupción, el robo o la misoginia del actual Gobierno. Pero el votante independiente y hasta el de centroizquierda debe saber todo lo que pasó en estos cuatro años para que esto no vuelva a pasar.
El daño que Petro le hizo a la izquierda decente y seria, que un país necesita, por cierto, debe ser visibilizado a través de una rendición de cuentas ministerio por ministerio y entidad por entidad. Todos los colombianos debemos conocer el nombre del funcionario corrupto, con el nombre del beneficiario de la corrupción y el contrato adjudicado. Todos debemos saber el nombre del funcionario que nombró al pariente o al amigo sin calificación alguna.
No es necesario que se entregue de inmediato este informe. Sabemos, y ya hay denuncias, sobre toda la evidencia que están borrando y destruyendo en muchas entidades. Frenar el empalme forma parte de ese encubrimiento. Por eso es muy importante abrir un espacio de denuncias con toda la protección y con tiempo limitado, ojalá anunciarlo ya, para que el pobre funcionario honesto que vio de manera directa toda esa corrupción y le tocó quedarse callado o fue obligado a participar pueda denunciar con toda tranquilidad.
La primera exigencia del presidente Abelardo De La Espriella a sus ministros y a sus funcionarios es, en un tiempo limitado, entregar ese informe con todos los detalles. A partir de ahí, armar una estrategia de divulgación; con sencillez, y utilizando el mismo medio que usaron Petro y sus bodegas durante cuatro años para manejar su imagen, y claridad total, crear una narrativa seria e informada. El actual alcalde de Bogotá no hizo este ejercicio y no presentó un balance de la ciudad y cómo había quedado, incluyendo decenas de obras inconclusas y retardadas, y el costo político ha sido muy alto.
El segundo resultado, que debe igualmente tener un proceso de seguimiento virtual a través de las redes sociales, algo que De La Espriella y su equipo saben hacer muy bien, es la presentación de todas las denuncias, incluyendo –especialmente– las de Petro y su familia en los respectivos escenarios: la Comisión de Acusación, la Fiscalía e incluso la Justicia americana. No hay que tenerle miedo.
Al contrario, ese balance lo necesitamos todos los colombianos, entre otras cosas, para ponerles presión a las entidades encargadas de la justicia a fin de que no se hagan las de la vista gorda, como ha sucedido hasta ahora, con todos los casos de corrupción evidente que se han destapado y se han denunciado. Sin Petro en el poder, la fiscal y las cortes pueden ser mucho más agresivas para que Petro, Verónica Alcocer, Benedetti, las Guerrero y toda esa horda de corruptos finalmente paguen por sus delitos.
Ya habrá tiempo de evaluar las promesas, las acciones y los resultados del Gobierno que llega en siete días, gracias a Dios. Pero lo que no da espera es ese balance, pues lo que pasó en estos cuatro años no tiene nombre. No es que Colombia y los Gobiernos anteriores fueran perfectos. No, sin duda, no. Pero lo que pasó con Petro –la corrupción masiva, la explotación descarada del erario, el irrespeto a la ley en nombramientos y en decisiones de toda índole– fue de tal escala y de tal tamaño que no se puede dejar pasar en vano.
Los populistas utilizan el poder para robar y robar. Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, ni hablar de Cuba y Nicaragua, son ejemplo de esa manera de ejercer el poder. En Argentina, Cristina Kirchner acabó en la cárcel, y en Ecuador, Correa huyendo de la Justicia. Pero eso no basta.
Colombia puede y debe ser un ejemplo de transparencia, rendición de cuentas y operatividad de la Justicia. Abelardo puede dejarles a Colombia y a la región esa herencia. Si acaban muchos de esos ladrones en la cárcel, el legado de De La Espriella quedará asegurado.






