Lo que todos tenemos claro es que esos hipopótamos, los de la corrupción, no merecen lástima, como los otros, sino castigo. Y ojalá el peor.
¿Estamos hablando del hipopótamo de la corrupción, Gustavo Petro? No. ¿O de su cría recién nombrada para robar y robar, Daniel Quintero, Pinturita? Tampoco. Esta vez estamos hablando del único país fuera de África que tiene hipopótamos viviendo en libertad y no en un zoológico: Colombia.
Todo comenzó a mediados de los ochenta cuando el peor narcotraficante de Colombia, y uno de los más violentos del mundo, decidió hacer un zoológico personal en su finca en el Magdalena Medio, la infausta hacienda Nápoles. Además de los animales que trajo de contrabando de África, incluyendo cebras y jirafas, el símbolo más evidente de que era una finca del narco más poderoso del mundo en esa década era la avioneta incrustada en el portal de la entrada, que ponía de presente su negocio ilegal.
Murió Escobar a manos de la Policía colombiana y esa hacienda pasó a manos del Estado, expropiada por su origen ilegal. Unos años después, esta finca se entregó en concesión a una empresa privada para que la explotara y así nació el parque temático Hacienda Nápoles.
Mientras tanto, un pequeño problemita crecía y crecía sin control alguno hasta hoy, que se convirtió en una amenaza ambiental para esa región del Magdalena Medio, cerca de la ciudad de Puerto Triunfo, en una zona llamada Doradal. Un grupo de un macho y tres hembras de hipopótamos, que, obviamente, comenzó a reproducirse hace 50 años, hoy es una manada de más de 100 hipopótamos, que, por el descuido de presidentes, gobernadores, alcaldes y ministros de Ambiente, es una grave amenaza ambiental a la fauna de la región e incluso son un peligro para sus habitantes.
Los hipopótamos expulsan de la manada a los machos y las hembras viejas, y esos especímenes son los que hoy rondan a lo largo y ancho de las zonas rurales de Doradal. Además de la contaminación de las aguas, nada más que al lado de uno de los ríos más bellos de Colombia, el río Claro, a través de su materia fecal, que destruye todo un ecosistema que no está preparado para esa invasión de mier…, esos animales, que son muy peligrosos, ya rondan zonas habitadas. En África, este es el mamífero que más muertos deja, cerca de 1.000 al año, mucho más que los leones, y no es que cace al humano, pues es herbívoro, pero es un animal muy territorial que ataca y mata a quien se acerque a lo que considera su territorio.
En mi paso por la Embajada de Colombia en Estados Unidos, trabajamos con el Gobierno americano para comenzar el control de la reproducción de estos animales y así frenar su crecimiento y ponerle fin al problema en unas décadas. Junto con la corporación ambiental de la región, Cornare, se comenzó un programa de castración química a través de dardos, que, si bien era experimental, era una idea realizable, pues se ha hecho con otras poblaciones de animales invasivos en otros lugares del mundo. Se hicieron los primeros disparos, pero luego Cornare no quiso apropiar el presupuesto para seguir el programa, que necesitaba investigación y seguimiento para medir el efecto de este proyecto. ¿La razón? No la sabemos.
Lo que sí sabemos es que el parque temático Hacienda Nápoles es un proyecto muy rentable, que necesita de los hipopótamos, pues ese es su principal atractivo. No estamos hablando de cifras pequeñas. De acuerdo con los mismos dueños del parque, tienen cerca de un millón de visitantes al año, que por los 30 dólares que, en promedio, pagan generan ingresos de 30 millones de dólares, más de 100.000 millones de pesos anuales. Sin duda ese parque hoy genera empleo y tiene grandes intereses en la zona y, obviamente, no quiere que las cosas cambien, y por eso cualquier solución al problema debe incluirlos en la discusión.
En ocasiones anteriores se buscó relocalizar a los hipopótamos en zoológicos de otros países, pero dada la poca diversidad genética de esta manada, pues hay mucho entrecruzamiento, prefirieron no recibirlos por el costo que puede tener una enfermedad en un animal de estos.
Ahora que el tema vuelve a saltar a la luz pública, y ojalá se le dé solución, solo quedan dos opciones. La primera es regresar al proyecto de castración química, o mejor llamarla biológica, pues ese es el mecanismo utilizado, pero como es experimental hay que darle tiempo al estudio del éxito de este proyecto. La segunda es, como sucede en todos los parques del mundo, cazarlos y eliminar de una vez esa población animal, que es extraña al medioambiente colombiano y que tiene un origen ilegal. Suena, y es duro, pero es una opción que no debe descartarse.
Y volviendo a los hipopótamos de la corrupción, valdría la pena saber qué hace ese hipopótamo experto en la compra de votos y de elecciones, Armando Benedetti, que anda tan callado. Seguramente, está operando en lo que sabe hacer, comprar y comprar votos para que le deban tanto que nunca lo condenen por los innumerables actos de corrupción por los que está investigado. ¿Será que la Corte Suprema de Justicia sigue siendo cómplice de esa impunidad? Por ahora, ese hipopótamo pasta tranquilo a lo largo y ancho de Colombia.
Lo que todos tenemos claro es que esos hipopótamos, los de la corrupción, no merecen lástima, como los otros, sino castigo. Y ojalá el peor.






