Cayó el dictador, falta la dictadura

Cayó el dictador, falta la dictadura

De la felicidad que se vivió por unas pocas liberaciones se pasó a la indignación y la rabia por los miles de secuestrados políticos que aún quedan en las cárceles.

Semana

Delcy Rodríguez es a Nicolás Maduro lo que Pablo Escobar es a Gilberto Rodríguez Orejuela. Plata o plomo, o plomo y más plomo. Algo más de sofisticación, pero son igual de asesinos, de narcotraficantes, de corruptos y de violadores de derechos humanos. Maduro está preso y lo merece, al igual que su esposa, Cilia Flores, pero el narcorrégimen totalitario se mantiene. La pregunta es: ¿y ahora qué?

Lo que viene es un experimento político, militar y de comunicaciones sin precedentes en Estados Unidos y en nuestro continente. Político, porque se va a tratar de llevar una narcodictadura brutal a una democracia al menor costo posible. Militar, porque se va a necesitar el uso restringido de la fuerza para que los dictadores entiendan que solo se salvan si caminan un sendero muy claro, con poco margen de maniobra. El que se salga paga el precio. Es decir, el uso de la fuerza es estratégico y puntual. El caso del barco petrolero abordado cerca de Islandia sin una respuesta de Rusia, salvo que la vida de los marineros no corra peligro, es el ejemplo claro del tipo de uso de la fuerza que se va a venir, aunque esto, obviamente, se puede escalar. Finalmente, de comunicaciones, pues la desinformación va a ser brutal, y la capacidad de informar de manera clara va a ser muy difícil, especialmente con un presidente como Donald Trump, que suelta todo, como se ha visto en estos días con la rueda de prensa y sus entrevistas.

Ya sabemos cómo va a terminar el caso de Maduro y de Cilia. No vale la pena profundizar en el proceso judicial, aunque la discusión sobre la legalidad de la extracción y el derecho internacional, que tantos sacan a flote para atacar a Trump, sí merece un comentario. ¿Qué hizo el derecho internacional para evitar la represión y las violaciones a los derechos humanos en Venezuela? Nada. ¿Qué hizo el derecho y la comunidad internacional para hacer respetar las elecciones que ganaron Edmundo y María Corina? Nada. ¿Qué hizo el derecho internacional o la comunidad que lo avala para evitar la invasión a Ucrania o los ataques de China a los barcos filipinos? Nada. Nadie habla de la legitimidad de esta extracción, que ya comienza a lograr la liberación de algunos secuestrados políticos. No son presos, como lo anunció Jorge Rodríguez, uno de los líderes de esta dictadura. Obviamente, todos deben ser liberados, pero el negocio de liberar unos pocos que tenía el alacrán español José Luis Rodríguez Zapatero parece llegar a su fin.

Lo cierto es que el orden internacional, del que tantos hablan para atacar, pero que no tiene nada que mostrar, tiene pocos resultados en defensa de la libertad y los derechos humanos en las últimas décadas y por ello está en una crisis absoluta. Hasta la Corte Penal Internacional, que tuvo una gran oportunidad de mostrar su validez con el caso de Maduro, quedó al descubierto en su inutilidad con esta operación de extracción. Y el debate de la soberanía queda cancelado con los 40 muertos cubanos que, supuestamente, protegían a Maduro. Cuba, Venezuela y Nicaragua son los países del continente que más transgreden la soberanía de otras naciones. Y de afuera del continente, China, Rusia e Irán se llevan las medallas de oro, plata y bronce en esta competencia de agresión.

Por ahora, el dictador de Venezuela se fue y pasará el resto de sus días en una cárcel en Estados Unidos, pero la dictadura se mantiene. La represión en las calles se siente en las principales ciudades, especialmente a manos de los colectivos, y el dictador Jorge Rodríguez cree que liberando unos pocos presos se va a salvar de lo que le corre pierna arriba.

Obviamente, no ha pasado ni una semana desde la operación de extracción y no se le pueden pedir peras al olmo después de 27 años de dictadura. El equilibrio de poder, por más que lo quiera negar o disfrazar el narcorrégimen, cambió, y la tranquilidad e impunidad con que operaban los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López desapareció. Trump lo ha dicho claramente: si no operan esa transición o entrega, como lo llaman algunos, en concordancia con los Estados Unidos, “les va a ir peor que a Maduro”. Más claro no canta un gallo.

Esta liberación con cuentagotas es la primera prueba de la paciencia de Estados Unidos con los nuevos administradores de la dictadura. De la felicidad que se vivió por unas pocas liberaciones se pasó a la indignación y la rabia por los miles de secuestrados políticos que aún quedan en las cárceles. ¿Cuánto tiempo les van a dar a los Rodríguez para que esa amnistía general se dé y todos los presos salgan libres? ¿Cuánto tiempo le van a dar a la dictadura para que todos los que salieron corriendo de Venezuela por la persecución política puedan volver sin riesgo, incluyendo María Corina Machado?

La banda de los cuatro está jugando con candela. El tiempo está en su contra. Creen que su capacidad de lobby con los demócratas en Washington les va a dar un respiro o les va a permitir salirse con la suya, como lo hicieron antes con Biden. Tic, tac, tic, tac. Ya veremos.