Ningún criminal está a salvo, y esos delincuentes que se sentían más poderosos que el estado hoy deben estar haciendo nuevos cálculos sobre el uso de la fuerza, México es el ejemplo.
Por Francisco Santos

La muerte del Pablo Escobar mexicano, Nemesio Oseguera alias El Mencho, luego de una tremenda operación militar nos deja muchos aprendizajes que no podemos dejar pasar. El cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), después de la mafia venezolana que encabezaba Nicolás Maduro, es hoy la segunda organización criminal más violenta y extendida en el continente americano. Sus tentáculos van desde el río Grande hasta la Patagonia, de la mano de organizaciones criminales regionales, nacionales o locales y lo que suceda con esta muerte va a tener efectos en toda la región.
El primer aprendizaje es que hay una nueva guerra contra las drogas. Luego del cambio de política de Estados Unidos hacia esa amenaza a la democracia y la libertad, que con la mirada complaciente de los gobiernos de Obama y Biden fortaleció, creció y empoderó a estas organizaciones criminales en todo el continente, hoy Estados Unidos, luego de cientos de miles de muertos en sus calles, tomó la decisión de enfrentar el negocio del narcotráfico como una amenaza a la seguridad nacional y responder a ella con todos los instrumentos necesarios.
Hundir barcos y lanchas, castigar líderes políticos complacientes con el narcotráfico, presionar con sanciones de todo tipo a los países cómplices y neutralizar líderes criminales y políticos como sucedió con El Mencho y Maduro, hoy hacen parte de los instrumentos que van a a ser utilizados en esta nueva fase de la guerra contra las drogas.

Esta presión ya da resultados muy claros. Dos mandatarios como Claudia Sheinbaum en Mexico y Gustavo Petro en Colombia cambiaron su política y su actitud hacia el problema de las drogas, así su discurso diga lo contrario. Obvio, Petro ya termina, y el daño que hizo su connivencia con estas organizaciones criminales va a ser muy costoso de desmontar, pero le tocó revertir, en estos últimos meses, el camino claro de alianza electoral y política que tenía entre manos.
Estados Unidos tiene claro lo que pasa en Colombia y en Mexico, como tuvo claro lo de Venezuela, y la presión solo va a aumentar. Sheinbaum ya sabe que van detrás de su jefe, el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el encargado de legalizar ese trabajo político de coexistencia y alianza con los narcos. Petro, está en observación, al igual que los hermanos Rodríguez en Venezuela. Todos saben que su vida y su libertad está en juego. Se acabó, y ya era hora, ese juego que tan bien calificó AMLO en México como “abrazos y no balazos”.
Un segundo aprendizaje es que nadie está a salvo, y esos delincuentes que se sentían más poderosos que el estado hoy deben estar haciendo nuevos cálculos sobre el uso de la fuerza. Una institucionalidad tan penetrada por la corrupción como el Ejército mexicano logró armar en 48 horas, con ayuda estadounidense, eso sí, una operación impecable que dio con el paradero y la muerte de El Mencho.

Ver al secretario de defensa mexicano, general Ricardo Trevilla, llorar cuando mencionaba los militares muertos en esta operación tiene un significado mucho más profundo, pues en cargos anteriores le tocó ver cómo asesinaban y destrozaban impunemente miles de militares, mientras desde el Zócalo frenaban cualquier respuesta, pues era la época de los abrazos hacia los narcos mientras estos respondían con balazos a los militares y policías mexicanos que los enfrentaban.
No sorprende el silencio de AMLO frente a esta última operación, pues, la verdad debe estar muy, pero muy, preocupado. Hoy lo protege la presidenta Sheinbaum. ¿Mañana? Nadie se la va a jugar por él o por sus hijos, muy involucrados en todo tipo de negocios turbios.
Un tercer aprendizaje es que hay que tener inteligencia y capacidad de operación para minimizar y limitar la reacciones a este tipo de operaciones. Lo que pasó en México es muy grave, y tengan la seguridad que los narcos de todos los países están observando. En casi el 70 por ciento del territorio mexicano se dieron respuestas violentas -quemas de carros, buses e incluso instituciones gubernamentales.

Aprendieron de Escobar y le pusieron precio a la cabeza de militares y policías, 20 mil pesos mexicanos, que equivalen a poco mas de mil dólares. La cifra en los primeros días después de los ataques era de 25 militares asesinados, lo que muestra la necesidad de tener un plan B muy bien coordinado para que, con el uso legítimo e implacable de la fuerza, se castigue rápidamente a los agresores y se genere en estos criminales un temor que los lleve a recapacitar. A este tipo de fuego el Estado le debe responder con fuego.
Un cuarto aprendizaje, que México nos deja es que mirar hacia otro lado con los narcos, como pasó durante muchos sexenios, acaba mal. Hoy México es en casi la mitad de su territorio un narco estado y revertir esto va a tomar mucho tiempo y unos profundos cambios de políticas. Las policías municipales, que hoy son en gran parte aparatos al servicio del crimen, deben disolverse y ese poder del narco en la política y en la economía se deben castigar con inteligencia, con cárcel y con prevención.
Lo de la cárcel ya comenzó y Maduro es solo el primero. Pronto veremos innumerables políticos mexicanos, colombianos y de toda la región en la misma situación. Lo que van a contar el Pollo Carvajal, Cliver Alcalá y el Mayo Zambada, a quienes les aplazaron sus procedimientos judiciales, pues van colaborar con la justicia americana, es apenas el principio de una escalada de investigaciones y extradiciones de políticos que se creían intocables. No es sino que recuerden cuando Maduro gritó “vengan por mi”, y por él fueron. Van a ir por AMLO y por muchos otros.

Y un último aprendizaje que viene de Colombia: esto apenas es el principio, se debe aprender de los errores, cuidar la institucionalidad y mantener la presión y el esfuerzo. Colombia logró reducir los cultivos de coca de 180 mil hectáreas a 40 mil, pero, con la aprobación del gobierno americano, el de Obama, Santos pudo negociar con las Farc el desmonte de la política antidrogas y en apenas 5 años se perdieron 13 años de lucha. Dejó el poder en el 2018 con 200 mil hectáreas de coca y unos narcos más poderosos que nunca.
Vamos a ver cómo reacciona el poder político en México, pues Morena, primera fuerza política, el partido de Sheinbaum y de AMLO, está en la mira. Su complicidad con los narcos en muchas regiones del país es evidente y sin duda AMLO, que aún controla el partido, le tiene puesta la soga en el cuello a Sheinbaum. No era sino ver la incomodidad de la ahora presidenta en la rueda de prensa, su lenguaje corporal lo decía todo, para entender el dilema en que está, entre la espada y la pared, o entre Trump y AMLO y los narcos.
La oposición, que tampoco está libre de culpa, en especial el PRI, debe entender el papel que debe jugar en especial el apoyo a este tipo de acciones y una presidenta que está en esta situación. El futuro de México está en juego.

Hay muchas otras cosas para analizar, como la presencia del CJNG en zonas donde los otros carteles eran, o son, muy poderosos, o la ausencia del secretario de Seguridad en toda esta operación. ¿El Ejército y no la Marina se encargó del operativo? La segunda era, supuestamente, la institución más preparada y transparente para este tipo de acciones. ¿Qué está pasando?
Ya veremos como este nuevo escenario en México evoluciona. Apenas empieza. Por ahora, hay que celebrar este gran triunfo de la institucionalidad sobre la criminalidad, que, sumado a la captura de Maduro, nos devuelve la esperanza de que la criminalidad no es todopoderosa en la región y puede ser puesta bajo control. Gracias presidente Trump.






